Tres años, incontables viajes y mucho tesón han sido necesarios para que la presidenta de IELCO, Ana López, pueda anunciar con orgullo: «Estamos en Catar». La constructora de los hermanos López Caparrós no ha elegido un país fácil para dar sus primeros pasos fuera de España. La lejanía, las diferencias culturales e idiomáticas y la rígida burocracia de este país árabe la han obligada a redoblar esfuerzos, pero ahora éstos empiezan a dar frutos. Su filial IELCO International, con sede en Doha y participada al 51% por un jeque de la familia Al-Thani, ya se ha presentado a sus tres primeros concursos públicos para acceder a obras públicas en uno de los emiratos más ricos y avanzados de Oriente Medio.

Uno de los contratos en los que más expectativas tiene puestas IELCO es un paquete de actuaciones en 54 colegios cataríes, que suma un presupuesto de unos 5 millones de euros. «Queremos empezar con obras de no demasiado volumen. De hecho, nos han invitado a presentarnos a grandes contratos pero no hemos querido. Creemos que lo más importante es cumplir con nuestros primeros trabajos perfectamente para tener buena reputación», explica Ana López.

La presidenta de IELCO no sabe decir con exactitud qué le llamó la atención de Catar, allá por 2008, cuando decidió, sin haber pisado nunca el país, que quería empezar por allí su expansión internacional. Por entonces, la crisis en España aún solo era una «desaceleración», pero ella ya intuía que las cosas se iban a torcer, y mucho, para el sector del ladrillo. De ahí su empeño en buscar oxígeno en el extranjero. «Creo que vi en televisión que Catar es un país bastante liberal y que da mucha importancia a la educación, aparte de que iba a invertir mucho en infraestructuras», recuerda. ¿Por qué no eligió Dubai, el emirato más famoso? «Allí ya está todo hecho, hay que elegir países con potencial de crecimiento», responde.

En 2009, López convenció a otras cinco empresas para formar un consorcio -Andalusian CBG se llamaba- y tantear el mercado catarí en una misión comercial organizada por la Cámara de Comercio. Aquella iniciativa conjunta no fructificó, pero la empresaria quedó más convencida de su proyecto después de pisar suelo catarí. Su entusiasmo acabó contagiando a sus hermanos, copropietarios de IELCO, y en 2011 la empresa comenzó a trabajar para implantarse en el emirato. «Las cosas nunca pasan por casualidad. Uno de los contactos que hice en aquella misión comercial me brindó la oportunidad de conocer al jeque con el que nos hemos asociado», confiesa.

Socio local

Las compañías extranjeras solo pueden instalarse en el país árabe si se asocian con un catarí, que debe poseer la mayoría accionarial. «El control de la empresa es nuestro, pero si no pagamos algo, nuestro socio debe hacerse cargo de la deuda, así que hemos tenido que conseguir que confíen en nosotros», explica López, que opina que por mucho que se hable ahora de la internacionalización, cualquier compañía no puede dar este paso. «Tienes que ser solvente, para que los bancos, los socios y clientes locales confíen en ti», argumenta.

Tras la constitución de IELCO International en junio de 2012, vinieron muchos meses de burocracia para conseguir todos los permisos y calificaciones necesarias para poder licitar obra pública. Al frente de la filial de IELCO en Catar está Carlos Porras, un ingeniero con valiosa experiencia internacional. No está solo: la propia Ana López le acompaña durante una semana cada mes. «En el momento en que nos den una obra enviaremos a técnicos nuestros desde Málaga. Los obreros tienen que ser contratados desde allí: normalmente son nepalíes, paquistaníes, indios y filipinos que se contratan en origen», explica la presidenta de IELCO.

La constructora malagueña aspira a ir compensando la inactividad del mercado de obras públicas español -«que va para largo»- con la pujanza del de Catar. Y para cuando su primera filial internacional se consolide, Ana López ya tiene en mente la segunda: Omán.